"Eran
como pecados de juventud, búsqueda de espectacularidad, de la grandilocuencia, el gran gesto, el gran despliegue de medios
expresivos, todo con lo cual me bato ahora. Pero tuve que pasar por esta etapa de necesidad de expansión. Buscaba la libertad
en el espacio y no entendía, en aquel entonces, que la máxima libertad en el espacio es un espacio muy reducido lleno de actores.
No entendía todavía que en un gran espacio hay que construir un pequeño espacio de ficción escénica, me adaptaba a la gigantomanía
del espacio grande, tenía necesidad de respirar en grande. Ahora entiendo aquella respiración como respiración artificial
y superficial; ahora busco espacios pequeños donde la comunicación con el espectador, como en Los Justos o en Cuarteto,
significa intimidad desafiante, intimidad entre el actor y el público obligado a participar en los procesos creativos del
actor. Sueño con un teatro concebido como expresión individual, amén de la presencia de las raíces del teatro como hecho tumultuario
desde los festejos eleusinos; sueño con un teatro hecho para el individuo. Yo quisiera un teatro para trescientos sesenta
y cinco espectadores, a saber: una persona diariamente en el transcurso del año. Me interesa cada vez más el individuo y no
la masa."