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El Teatro del Fantasma A.C.

Antecedentes

Leónidas Barletta, José Sanchís Sinisterra, El Cerco de Leningrado y El Teatro del Fantasma.
 
El nombre de El Teatro del Fantasma nace de la obra de José Sanchís Sinisterra El Cerco de Leningrado, pero ¿en qué se inspiró este dramaturgo español?
 
Aquí una nota tomada de el diario argentino Clarín, fimada por la periodista Laura Haimovichi, que despeja la incógnita y que resalta la congruencia de nuestra poética.
 

Clarín, Domingo 3 de junio de 2001

LEONIDAS BARLETTA

Un prócer del teatro popular

La obra El Cerco de Leningrado se inspira en la figura del fundador del Teatro del Pueblo. Escritor, editor, periodista y director teatral, Barletta fue el primero en llevar a escena a autores nacionales.

LAURA HAIMOVICHI


Monaguillo de la Iglesia del Pilar, trabajador portuario, boxeador, escritor, editor, periodista, director teatral, Leónidas Barletta fue el fundador del primer grupo independiente de la escena nacional. Y además de un hombre de múltiples actividades, fue un militante romántico de la izquierda de las décadas del 30, 40 y 50. Además, alguien que creyó en el buen trato y en la razón como motores imprescindibles de la convivencia social.


La obra El cerco de Leningrado está lejanamente inspirada en su figura. La pieza escrita por el español José Sanchís Sinisterra, que protagonizan Alejandra Boero y María Rosa Gallo, evoca a un tal Néstor, director que amó con ardorosa pasión el teatro, sus dos actrices favoritas y la militancia comunista. Pero, ¿por qué se erigió en una especie de prócer del teatro nacional y popular a este porteño que nació en Buenos Aires en 1902 y murió en marzo de 1975?


Su Teatro del Pueblo, al que invitaba a ingresar haciendo sonar una campana, surgió en 1930 como un gesto de protesta: fue el primero en llevar a un escenario a los escritores argentinos, que no tenían cabida en el teatro comercial.


De hecho, Roberto Arlt empezó a escribir piezas dramáticas alentado por Barletta. Saverio el cruel, Trescientos millones y La isla desierta se estrenaron en el Teatro del Pueblo. Con él, el hecho escénico se escindió de todo afán de lucro. De hecho, Barletta cobraba 10 centavos la entrada y nadie en su teatro percibía honorarios por su trabajo.


Hombre de su tiempo al fin y al cabo, su pasión por la belleza y el reino del progreso en el mundo —esas utopías hoy tan en desuso— también lo encerraron en cierto dogmatismo.

"Yo no quiero ser histrión de esa clase que puede pagarse el teatro, y a eso yo lo llamo independencia", sostenía para dejar en claro lo que hoy se definiría como su target. "El arte está en todos los seres humanos, el artista no viene con una estrella en la frente", argumentaba para marcar la diferencia entre ser un profesional del teatro (a lo que se oponía) y profesar el teatro (algo que defendía).


De rostro ancho, tenía siempre a flor de labios una sonrisa entre burlona y reconfortada y una suspicaz mirada de reojo. Estuvo casado con la actriz Josefa Pepa Goldar y se enroló desde el comienzo en el grupo literario de Boedo. Allí, junto a Alvaro Yunque y Roberto Arlt, e influenciados por la narrativa rusa, mostraban en sus textos serias preocupaciones por lo social. Eran antagonistas del grupo de Florida, que integraron Oliverio Girondo, Jorge Luis Borges y Raúl González Tuñón, a quienes acusaban de escribir desde una torre de marfil.


Barletta publicó cerca de cuarenta libros, Canciones Agrias, Royal Circo y Historias de Perros, entre ellos, y fue el fundador de la mítica editorial Claridad, cuyos ejemplares se imprimían en un galpón lleno de latas y tablones que era la imprenta de Lorenzo Rañó. Pero fue dirigiendo donde sus pies se ponían más inquietos, aunque su lema era aquella frase de Goethe: "Avanzar sin prisa pero sin pausa, como la estrella."


Sus montajes —"que no tenían nada de Stanislavsky porque él quería algo propio, nacional", explica Rosa Eresky (ver recuadro)— se hicieron también bajo los árboles, en las Plazas del Congreso y San Martín, en una isla y en sótanos diversos.


"Yo no quisiera extralimitarme en los juicios", escribió Arlt en 1932, "pero me agradaría que ustedes recordaran este panorama que actualmente ven. Un pequeño escenario, bancos rústicos, iluminación a la buena de Dios. Y quisiera que lo recordarán, porque dentro de algunos años, el Teatro del Pueblo será una empresa montada con todas las exigencias del arte moderno, y muchos dirán: ¡En lo que se ha convertido el Teatro del Pueblo!". Y otros, los tránsfugas, dirán: ¡Qué suerte ha tenido Barletta! Y nadie se acordará que él y sus camaradas han hecho aquí el trabajo de peones de limpieza, albañiles, carpinteros, pintores, electricistas, apuntadores, decoradores. Nadie recordará que esta gente vive como en una isla, combatiendo contra toda clase de dificultades".

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México, 2008